LA CONSERVACIîN DE LA NATURALEZA EN CARTAGENA ANTE EL SIGLO XXI.
Pedro Garc’a Moreno. (Presidente de ANSE).

         La mayor’a de los cartageneros han olvidado ya aquel dicho popular de “Cartagena, montes sin le–a...” que durante tantos a–os ha sido empleado para denostar de forma cuanto menos grosera a una Comarca Natural que, por el contrario, conserva un enorme patrimonio natural y cultural.

        Siguen siendo igualmente mayor’a los que, acostumbrados a los mœltiples ejemplos y denuncias –probablemente aqu’ las organizaciones de defensa de la naturaleza tengamos bastante culpa- por actividades contaminantes y destructivas de nuestros campos, montes y costas, tienen la impresi—n de encontrarse en un entorno geogr‡fico carente de valores naturales significativos. Nada m‡s lejos de la realidad.

         Si nos limit‡semos al interŽs paisaj’stico, la costa de Cartagena se sitœa entre los lugares de mayor belleza de todo el litoral mediterr‡neo espa–ol, y adem‡s conserva algunos de sus parajes mejor conservados. Si tenemos en cuenta aspectos bot‡nicos, las sierras litorales de Cartagena destacan por su vegetaci—n iberonorteafricana, de distribuci—n limitad’sima en el continente europeo, como el famoso araar,  y con especies endŽmicas (œnicas a nivel mundial) como el Limonium carthaginense.

        Aunque los grandes vertebrados desaparecieron durante la Edad Media, llegando alguno de ellos hasta este siglo como ocurri— con la foca monje,  las poblaciones de aves rapaces (çguila perdicera, bœho real y halc—n peregrino) son importantes, y tambiŽn lo son las de algunas especies de aves marinas como la Gaviota de Audou’n o el Pa’–o mediterr‡neo. Un pececillo endŽmico del levante espa–ol, el Fartet, subsiste aœn en algunos humedales del entorno del Mar Menor, donde comparte h‡bitat con numerosas de aves acu‡ticas.

         En el litoral sumergido, enclaves como Cabo de Palos-Islas Hormigas o Cabo Ti–oso-La Azoh’a cuentan con una gran diversidad de vida marina, de las mayores del levante, mientras que praderas de Posidonia  oce‡nica (el bosque sumergido) como las de la costa de Calblanque destacan por su magn’fico estado de conservaci—n.

         Si bien es cierto que la œltima dŽcada ha abierto los ojos de pol’ticos y ciudadan’a en general sobre algunas de estas riquezas, especialmente en lo que se refiere al patrimonio hist—rico y arqueol—gico, la ceguera sigue siendo mayoritaria sobre la necesidad de, al menos, mostrar el mismo interŽs por la conservaci—n y recuperaci—n de una naturaleza de enorme singularidad a escala regional e internacional.
 
         Aunque la conservaci—n de la naturaleza de la Comarca de Cartagena-Mar Menor ha experimentando un notable avance en la œltima dŽcada, nada es comparado con las perspectivas para el futuro que, si llegan a concretarse en proyectos y medidas claras, supondr‡n un vuelco espectacular en la situaci—n de muchos de nuestros espacios naturales.

         Actualmente, la Comarca cuenta con dos de los m‡s emblem‡ticos espacios costeros protegidos de la Regi—n de Murcia, Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar y Calblanque, Monte de Las Cenizas y Pe–a del çguilas, ambos declarados Parque Regional, y ambos, tambiŽn, resultado de largos a–os de lucha de las organizaciones de defensa de la naturaleza para evitar proyectos urban’sticos e impactos diversos que amenazaban con su casi completa destrucci—n.

         Y es que la conservaci—n de la naturaleza de la Comarca es una historia de acciones de protesta, campa–as divulgativas, multitud de denuncias administrativas y judiciales, ...., como muy bien refleja el conjunto del Mar Menor. Estos precedentes son fundamentales para comprender mejor el futuro.

 El litoral de Cartagena contar‡ pues con tres Parques Regionales:

  • Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar.
  • Calblanque, Monte de Las Cenizas y Pe–a del çguila.
  • La Muela-Cabo Ti–oso.

        Adem‡s, el Mar Menor deber‡ contar con un Red de Paisajes Protegidos que proteger‡ los œltimos enclaves sin urbanizar de la ribera de la laguna, y tambiŽn las islas interiores (El PORN est‡ ya aprobado inicialmente). El conjunto del Mar Menor est‡ declarado actualmente Zona Hœmeda de Importancia Internacional RAMSAR (œnico enclave de la Regi—n de Murcia con esta figura de protecci—n), aunque todav’a no ha sido reconocido como Zona de Especial Protecci—n para las Aves (ZEPAs) a escala europea.

        Todas las islas del litoral mediterr‡neo de la Comarca est‡n declaradas espacios protegidos, aunque se carece de medidas de conservaci—n alguna, que tendr‡n que arbitrarse en el futuro. Dos de ellas, Grosa y Las PalomaS, reœnen criterios para ser declaradas ZEPAs.

        La Sierra de La Fausilla, en Escombreras, reœne igualmente criterios ZEPA, como ha sido reconocido en diversos informes incluso de la propia Comunidad Europea.

        El ‡rea de Cabo Ti–oso-La Azoh’a deber‡ declararse Reserva Marina, como ya reconocen de hecho multitud de informes y documentos de la Comunidad Aut—noma.

        Todos estos lugares est‡n incluidos, adem‡s, en la propuesta de Lugares de Importancia Comunitaria remitida por la Comunidad Aut—noma a Bruselas, en la que tambiŽn se incluyen las praderas de Posidonia de las costas de La Manga y Calblanque, adem‡s del Cabezo de Rold‡n y sus rededores. O lo que es lo mismo, nuestra Comarca tendr‡ el reconocimiento que le dar‡ su inclusi—n en la Red natural 2000, de espacios protegidos de Europa.

        Es decir, la mayor parte del litoral de la Comarca de Cartagena contar‡ en los pr—ximos a–os, si las presiones en su contra no lo impiden, con una o m‡s figuras legales de protecci—n, lo que requerir‡ de medios humanos y materiales para garantizar su adecuada gesti—n. Por otra parte, este reconocimiento generar‡ un importante aumento de demanda de uso, fundamentalmente tur’stico, sobre estos enclaves, que ser‡ necesario regular.

        Pero mientras todo esto llega, numerosos enclaves, como ocurre con los paisajes protegidos del Mar Menor, siguen recibiendo vertidos ilegales, o ven como se levantan nuevos complejos urban’sticos en sus inmediaciones, o surgen proyectos megal—manos, como el de ampliaci—n de la d‡rsena de Escombreras, de grav’simo impacto ambiental, buena parte de ellos alentados por las mismas Administraciones, dirigidas por gobernantes verdaderamente ciegos ante la pŽrdida de un recurso patrimonial que, a la larga, resulta vital para asegurar un modelo diferente de desarrollo basado en un concepto que, no por muy mal manejado, haya perdido sentido, la sostenibilidad econ—mica y ambiental.

        La dotaci—n de agentes forestales sigue siendo rid’cula, y apenas llega para vigilar los espacios que cuentan con una normativa clara de gesti—n, no funcionan las Juntas Rectoras de ninguno de los Parques Regionales, en las que se tenga en cuenta la opini—n de los distintos sectores en la protecci—n de los espacios naturales, se carece de una v’a de colaboraci—n entre las administraciones regional y local que desarrolle proyectos conjuntos y evite contradicciones, resulta evidente el desprecio, cuando no rechazo, de la mayor parte del empresariado hacia la conservaci—n de la naturaleza de la comarca, debido a las limitaciones que supone para proyectos claramente negativos para el medio ambiente, faltan proyectos concretos de restauraci—n ambiental que devuelvan la naturalidad de enclaves que podr’an tener un gran uso tur’stico, como todo el entorno del Mar Menor...

        Falta, en definitiva, que abramos los ojos y nos demos cuenta que, la Naturaleza, y nuestra relaci—n con ella, debe cobrar en el milenio que se avecina  una importancia significativamente mayor que la que ha tenido en nuestra Comarca desde hace siglos.  Nos va en ello el futuro.
 

 
 

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