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LA
VEGETACIîN DE LAS SIERRAS LITORALES DE LA REGIîN DE MURCIA.
La costa
Sur de la Regi—n de Murcia destaca por su car‡cter abrupto y monta–oso.
Insertadas en el extremo oriental de las Cordilleras BŽticas, las monta–as
discurren en paralelo a la costa. Los relieves son de escasa entidad,
aunque muy escarpados debido a la proximidad del mar.
Como caracter’sticas
climatol—gicas destaca una elevada termicidad (16-19¼ C.) junto a las
escasas pero torrenciales precipitaciones (200-400 mm). La conjunci—n
de ambos factores producen un elevado dŽficit h’drico, que aœn suavizado
por el mar, pocas especies vegetales toleran.
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La minería
y la industria, los dos principales causantes de la degradación
paisajística
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A la
adversidad clim‡tica debemos a–adir los distintos aprovechamientos
que el hombre ha hecho del territorio a lo largo de miles de a–os.
Estos han modelado el paisaje de las sierras, degrad‡ndolo en muchos
casos hasta niveles irreversibles como en el caso de la miner’a.
As’, la vegetaci—n original que conocieron los habitantes del paleol’tico
en el litoral estaba formada por extens’simos matorrales como lentiscares,
palmitares y cornicales, y manchas de bosque de pinar, sabinar y
encinares, estos œltimos m‡s localizados. Parece ser que los bosques
siempre fueron m‡s escasos que los matorrales, ya que las condiciones
de baja precipitaci—n no permit’an la implantaci—n de forestas en
amplias zonas.
Hoy
en d’a los tomillares (matorrales de bajo porte), aliagares, espartizales
y albaidales, consecuencia de la degradaci—n de los matorrales,
han sustituido en muchas zonas a las formaciones originales, siendo
m‡s frecuentes en los paisajes litorales. Paralelamente, las urbanizaciones,
industrias, campos de golf e infraestructuras acosan los œltimos
restos de vegetaci—n bien conservada.
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Pero pese
a la intervenci—n del hombre las especies que aœn pueblan las sierras
litorales poseen un elevado interŽs natural’stico y cient’fico. Se–alaremos
el elevado nœmero de endemismos (especies exclusivas) e iberoafricanismos
(comunes con el N. çfrica) de nuestra flora. Consecuencia del aislamiento
clim‡tico de las zonas ‡ridas y contactos relativamente recientes con
el continente vecino respectivamente. Adem‡s, algunos de estos elementos
flor’sticos son dominantes en el paisaje, lo que confiere a las sierras
una enorme singularidad.
Vegetaci—n
en la Sierra de Cartagena.
Dentro de
las sierras litorales, la costa de Cartagena alberga las comunidades m‡s
interesantes. Aunque se trate de un ‡rea semi‡rida, existen numerosos
enclaves donde la proximidad al mar compensa la escasez de precipitaciones,
gracias al aporte de las niebles cargadas de humedad que se condensa en
las monta–as costeras.
| Los
matorrales pr—ximos al mar est‡n dominados por el cornical
(Periploca angustifolia), iberoafricanismo indicador de la
ausencia de heladas y el palmito (Chamaerops humilis),
œnica palma aut—ctona de Europa. M‡s localizados ya se encuentran
el Arto (Maytenus senegalensis), planta con origen en
el çfrica tropical, e incluso el Araar (Tetraclinis articulata),
cupres‡cea que tiene en la Sierra de Cartagena sus œnicas poblaciones
aut—ctonas de la Europa continental. Otras especies part’cipes de
estas formaciones son el Oroval (Whitania frutescens),
el Cambr—n (Lycium intricatum), Bay—n (Osyris
lanceolata), Aliaga (Calicotome intermedia).....
muchos de ellos iberoafricanismos. |
Whitania
frutescens
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A estas especies
se suman rarezas como la Jara de Cartagena
(Cistus heterophyllus sbsp. carthaginensis), cist‡cea descubierta
a principios de siglo que fue dada por extinta hasta el descubrimiento
de 8 pies en la dŽcada de los noventa, o como el Chumberillo lobo
(Caralluma europaea), peque–o vegetal de aspecto de cactus.
Caralluma
europaea
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Los
matorrales m‡s alejados del mar est‡n compuestos por el Espino
negro (Rhamnus lycioides) y el Palmito (Chamaerops
humilis), acompa–ados de Lentiscos (Pistacia lentiscus)
y Coscojas (Quercus coccifera). En las zonas m‡s secas
y deprimidas aparece el azufaifo (Ziziphus lotus), arbusto
t’pico de algunas ramblas saharianas. Estas comunidades se encuentran
m‡s alteradas ya que por la facilidad de acceso fueron dedicadas al
cultivo. |
Pero incluso
las comunidades consecuencia de la alteraci—n est‡n constituidas por especies
singulares. As’ en los tomillares (matorrales de entre 20 y 40 cm) aparecen
gran cantidad de endemismos como Thymus hyemalis, Sideritis marminorensis,
Helianthemun almeriense, Salsola papillosa, Anabasis hispanica.....algunos
de ellos con importancia econ—mica en el sector de los aceites esenciales.
Adem‡s, la existencia de suelos envenenados por metales pesados contribuye
a aumentar la riqueza flor’stica de nuestras sierras. En estos ambientes
encontramos al endŽmico Limonium carthaginense. Conviene resaltar
la existencia de extensos espartizales (Stipa tenacissima) en la
sierra, los cuales supusieron una fuente inagotable de fibra vegetal en
Žpocas pasadas.
| Los
œltimos saladares, carrizales y arenales de las riberas del Mar Menor
supervivientes al desarrollo urban’stico alrededor de la laguna encierran
curiosas asociaciones vegetales adaptadas a las dif’ciles condiciones
de vida. As’, en los arenales de San Pedro del Pinatar subsisten los
œltimos ejemplares murcianos de la Sabina de las dunas (Juniperus
phoenicea), peor suerte corri— el Enebro de las dunas (Juniperus
macrocarpa) hoy en d’a extinto. Ambas cupres‡ceas formaron bosques
en el Litoral arenoso de la Manga. Los saladares junto a la rica avifauna
incluyen extensa formaciones de albard’n (Lygeum spartum),
Siemprevivas endŽmicas (Limonium sp.) y el raro Taray
(Tamarix boveana). |
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Arenales
de San Pedro del Pinatar
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Por otro
lado existen enclaves privilegiados en la sierras de Cartagena donde la
compensaci—n de la extrema aridez ha permitido la supervivencia de especies
muy escasas en la costa del Sureste. En algunos roquedos umbrosos podemos
encontrar Madro–os (Arbutus unedo), LabiŽrnagos (Phyllirea
angustifolia, e incluso P.media), ruscos (Ruscus
aculeatus), Cornicabras (Pistacia terebinthus).....Menci—n
especial merecen los nœcleos de encinas conservados milagrosamente en
algunos puntos con sustratos metam—rficos como El Ca–ar. Algunos pies
centenarios superan los 3 mts de per’metro de tronco. Resulta curiosa
la cohexistencia de la encina (Quercus rotundifolia) con
la Alsina (Quercus ilex). Esta œltima fue detectada (al
igual que P.media) por miembros de ANSE en 2000.
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